Y sí… En esas 3 semanas cambió mi vida por muchas razones.   De entrada, estaba comiendo mucho más de lo que solía hacerlo, al grado de tener que llamarle a la nutrióloga para preguntarle si podía saltarme alguna comida o comer la mitad de las porciones que me había mandado.  Eso parecía un hechizo, nadie (empezando por mí), podía creerlo.

Esa dieta me llevó mentalmente a un lugar que yo no conocía: comer sin preocupaciones.  No había angustia porque realmente comía rico, porque había comida suficiente, porque nunca me quedaba con hambre, porque sabía que lo que estaba comiendo era parte de mi dieta y no la estaba rompiendo, porque nadie podía criticar u opinar sobre mi régimen porque era simple: alimentación balanceada.  No era una dieta extrema hipocalórica, no era una dieta de grasas, no eran ayunos, no eran jugos, no eran pastillas, simplemente era un menú común y corriente con carbohidratos “satánicos”, lácteos “del mal”, leguminosas y frutas.

Yo por eso no le tenía realmente fe, porque no me generaba el estrés o la exigencia que normalmente te impone una dieta (por algo cuesta tanto hacerlas).  Esta era fácil, no tenía problema pues podía hacerla en cualquier lado y adaptarme a cualquier situación.   Nunca se me va a olvidar cuando tuve un cumpleaños y ofrecían el menú tradicional de una fiesta promedio mexicana: pizzas, toneladas de papitas y chicharrones de harina, litros de refrescos, cervezas,vodka, tequila y ron. 

Yo tenía el plan de cenar antes en mi casa para evitar tentaciones e ir después a la fiesta, pero sabía que era una prueba de fuego para mí, porque esas malditas pizzas suelen verse especialmente deliciosas cuando no puedes comerlas, lo mismo pasa con las papas fritas y los chicharrones,  justo el día que no puedes, por alguna extraña razón aparece una salsita nueva que no conocías pero que definitivamente TIENES que probar.  Ya me había pasado muchas veces y sabía que ésta no iba a ser la excepción.

Por no dejar, le volví a llamar a la nutrióloga (afortunadamente para ella, en ese entonces no había WhatsApp) y le pregunté qué podía pasar si por alguna razón yo rompía la dieta ante la tentación de la “exquisita” (por suerte ya cambié mi concepto de exquisitez) cena de la fiesta.   Me lo hizo muy fácil:  “cena en casa una ensalada para que por lo menos te vayas nutrida.  Ya que estés en la fiesta, es normal que se te antoje algo, ELIGE TU BATALLA (frase que escuché por primera vez y que usaría el resto de mi vida en diferentes contextos).   Obviamente, mi respuesta fue: ¿y cuántos días después dejo de comer carbohidratos?, lo que me dijo me dejó aún más “confundida” por así decirlo:
“ninguno, por qué te quieres castigar?”

Et voilá! Dos conceptos clave para mi travesía:  elegir mis batallas y aprender a no castigarme.

¿Qué significaba “elegir mi batalla”?  Que todas las opciones estaban abiertas para mí: comer papas y chicharrones, un par de rebanadas de pizza o unas cubas, pero yo tenía que decidir con cuál me la iba a jugar.  No era un tema de calorías, no era un tema de porciones, era entender que no había restricciones y que la decisión estaba en mí, total, no iba a haber castigo los días siguientes, nada iba a cambiar.

Cené mi ensalada, llegué a la fiesta y para mi sorpresa, nada se veía TAN exquisito. Llevé mi coche y no bebí, y cuando menos cuenta me di, había sobrevivido a una fiesta pasándola bien con mis amigos sin sentirme relegada por estar a dieta.   Habré probado una que otra papita (mi perdición, confieso) pero creo que ni a un puñado llegué.

Con esto lo que quiero decirles es que  la aventura de mis -48 kilos había empezado y  esas primeras tres semanas fueron clave por estos 3 conceptos:

  1. La única manera en que una dieta puede funcionarte es adoptándola para el resto de tu vida, por eso tiene que ser un régimen balanceado diseñado especialmente para ti de acuerdo a tu edad, condición, actividades y necesidades nutricionales.  Esa es la única dieta que nunca vas a romper, que no te va a dar “rebote” y que no te va a pesar hacer.  Así que si quieres bajar de peso, te recomiendo hacerlo para el resto de tu vida y no para una fecha  o momento en especial.  No es la vía rápida ni milagrosa como muchas otras, pero lamento decirte que en temas de salud no hay atajos.  
  1. Elige tus batallas: No te sientas restringido, puedes comer todo lo que te gusta, pero no al mismo tiempo ni el mismo día.  Elige qué es mejor para ti en ese momento y disfrútalo.  Las opciones están siempre, no pasa nada si pospones una pizza o si la comes, pero aprende a tener un equilibrio.
  1. El equilibrio mental y emocional es tan importante como las calorías que comes: La cabeza nos puede jugar MUY en contra en todas las situaciones, en el caso de la alimentación es muy particular porque solemos sabotearnos y decirnos cosas horrendas cuando hacemos (o creemos hacer) algo “mal”.  ¿Cuántas veces no te has dicho “cerda” “marrana” “gorda inmunda” y demás adjetivos horripilantes por comer de más?  Esto es terrible y va a dimensiones mucho más profundas de amor propio que otro día hablaremos.  No te castigues si un día te saliste de control, más bien medita por qué sentiste la necesidad de hacerlo, por qué lo hiciste con esa comida en particular, de esa forma y qué estaba pasando por tu mente que no te permitió parar ese atracón.   Detenerse a pensar en esto es básico para poder controlarlo y avanzar en el camino, porque es algo a lo que te vas a enfrentar un sin fin de veces en la vida.

En esas 3 semanas bajé mis primeros 7 kilos.  Juré que la báscula estaba mal o que algo estaba “truqueado”, si bien yo me sentía “deshinchada”, jamás pensé que pudiera bajar 7 kilos comiendo lo que comí (incluso habiendo comido las papitas de aquella fiesta).

Ante mi incredulidad, la nutrióloga me dijo: “Solo nos faltan 3 kilos.  Yo te dije que quería bajarte 10, a menos que tú decidas ir por más”. 

Por supuesto fui por más, pero ya no era un tema impuesto por nadie, era algo que simplemente yo quería y me sentía capaz de hacer por mí y para mí.

Mis matemáticas eran perfectas, multiplicaba 2.5 kilos por semana y para el verano, yo estaría lista para pasearme en bikini con patines por toda la ciudad (por alguna extraña razón, esta es la imagen que siempre me viene a la mente cada vez que me imagino anatómicamente perfecta). 

Me encantaría decir que esa fue mi historia, pero en estos menesteres, así como el agua, la proteína, los fitonutrientes, dormir y hacer ejercicio; la paciencia y sobretodo, la constancia, son ESENCIALES. 

Lo que sí puedo decirles es que en esa primera etapa se fueron mis primeros 20 kilos, sin embargo, otras circunstancias profundamente dolorosas, me harían ganar toneladas de tristeza...

 

melissa mochulske

Melissa MOCHULSKE

Comunicóloga, health coach, nutrióloga holística y locutora de W Radio. Fundadora de Spinto, despacho de Relaciones Públicas y gran aficionada de la Ópera.  Por sus caminatas eternas es también conocida como Forrest (Sí, por Forrest Gump), también la llaman Mónica Geller región 4.  Deportista constante, viajera compulsiva, amante de la lectura y jefa de staff de Aída Yalitza, la perrita ex-callejera más popular de la colonia Roma.

Actualmente, Melissa es también locutora de Televisa Radio, su programa #AgendaWFM se transmite todos los viernes a las 9 de la noche en W Radio 96.9”. Aunado a esto, también es co-conductora del programa WFM todos los jueves a las 8 de la noche y realiza transmisiones especiales para Los 40 y W Radio como por ejemplo, las entregas del premio Oscar y enlaces especiales desde diferentes destinos turísticos.

También colabora ocasionalmente con revistas y blogs escribiendo artículos especiales sobre  nutrición y viajes.

IG @melissamoch